Sucesos

La odisea de aparcar en Son Ferriol: robos y frustraciones a la orden del día

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Aparcar en el Camí de sa Milana se ha convertido en una auténtica aventura digna de una película de acción para los vecinos de Son Ferriol. En los últimos meses, las quejas han ido creciendo como la espuma, ya que muchos han sufrido robos en sus coches. La ruta que conecta con Son Banya parece estar marcada por la inseguridad.

“No sé si son toxicómanos, pero lo cierto es que destrozan el coche por cuatro monedas”, dice un vecino afectado con visible frustración. Este hombre ha tenido la mala suerte de vivir tres episodios similares en solo medio año; el último, hace apenas unos días. “Dejé el coche dos días sin moverlo y al volver, estaba todo revuelto. No veo solución a esto y creo que la Policía debería aumentar la vigilancia aquí porque está pasando muy a menudo”, añade.

Un grito de auxilio entre vecinos

El padre del afectado también fue víctima, esta vez con su vehículo de empresa. “Lo dejó frente a la gasolinera porque pensó que las cámaras le darían seguridad, pero nada más lejos de la realidad; le abrieron y se llevaron todas sus herramientas”, cuenta con desánimo.

Este hombre, marroquí y con 31 años a cuestas, decidió publicar un mensaje en redes sociales pidiendo ayuda ciudadana por si alguien tenía información sobre estos robos. La respuesta fue un torrente de comentarios similares: “A mí me rompieron el cristal el lunes y estaba el ladrón dentro del coche; lo agarré pero se me escapó”, compartió otro vecino angustiado. Hasta un residente de Son Gallard se unió al lamento: “Espejo roto y neumáticos rajados. Hemos puesto cámaras”, dijo resignado.

No contento con los daños materiales, nuestro protagonista tuvo que interponer denuncia tras perder varias pertenencias valiosas: unas gafas, deportivas, una chaqueta e incluso una cámara donde había grabado al ladrón. “De hecho, dejó su sangre en mi coche al romper el cristal; ahora espero que eso ayude a localizarlo”, relata.

Sorprendentemente, su coche presentaba signos claros de forzamiento; además del capó abierto como si intentaran acceder a la batería recién instalada. “Esto genera muchos gastos mecánicos y estamos cansados ya. Al principio pensé que era algo personal contra mí, pero luego vi que otros vecinos también sufrían lo mismo. Por necesidad o por pura maldad están rompiendo coches”, concluye este vecino entre rabia y desesperación.

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