Este lunes por la tarde, en una tranquila finca de Selva, se vivió un momento desgarrador. Un hombre de 53 años, que estaba trabajando en su tejado, sufrió una caída de aproximadamente cuatro metros. La noticia nos deja con el corazón encogido y nos recuerda lo frágil que puede ser la vida.
Un accidente que nadie esperaba
Los servicios de emergencia recibieron el aviso alrededor de las cinco de la tarde. Cuando los agentes de la Policía Local y los sanitarios llegaron al lugar, encontraron una escalera apoyada contra la fachada y varias tejas esparcidas por el suelo. A pesar de sus esfuerzos por reanimarlo, nada pudieron hacer para salvarlo.
El impacto fue brutal; se golpeó la cabeza y el hombro al caer, e incluso logró arrastrarse unos metros hasta desplomarse junto a un árbol. Un testigo contaba entre lágrimas: “Lo vi caer y no podía creerlo”.
Las autoridades han iniciado una investigación para esclarecer qué llevó a esta tragedia. Aunque todo apunta a que se trató de un accidente desafortunado, el dolor queda ahí, presente en cada rincón del pueblo.
En momentos como este es cuando más necesitamos recordar lo valiosa que es nuestra comunidad y estar atentos los unos a los otros. La vida puede cambiar en un instante.

