Todo comenzó una tarde de junio, cuando un hombre y una mujer entraron en una joyería de Santa María del Camí con la apariencia de turistas interesados en comprar. El hombre, un rumano de 39 años, se mostró encantador y pidió ver algunas pulseras. Pero lo que parecía ser un simple día de compras pronto se convirtió en un plan maestro delictivo.
Mientras él distraía a la dependienta, la mujer continuaba el engaño pidiendo collares y hasta interesándose por los horarios. En ese breve instante, el hombre aprovechó para ocultar una pulsera de oro valorada en 5.000 euros en su mano. Salieron del local sin levantar sospechas, pero no sabían que sus acciones estaban siendo grabadas.
La investigación avanza
A la mañana siguiente, el personal de la joyería se dio cuenta de que faltaba algo muy valioso. Al revisar las cámaras, vieron cómo este dúo había ejecutado su plan con total maestría. Fue entonces cuando dieron parte a la Guardia Civil, quienes rápidamente comenzaron a investigar.
A través de las grabaciones, identificaron un Peugeot alquilado utilizado por los sospechosos y descubrieron que el ladrón tenía una Orden Europea de Detención por otras fechorías en Rumanía. ¡Menuda sorpresa para los investigadores! No solo atraparon al hombre, sino que también están tras los pasos de su cómplice femenina.
Así terminó esta historia entre joyas robadas y atracos bien orquestados, recordándonos que incluso detrás del brillo dorado puede haber intenciones oscuras.

