La tarde del 4 de abril se tornó trágica para un capataz de obra que, tras una jornada de risas y tragaperras, terminó siendo víctima de un brutal asalto en Palma. Este hombre, que había pasado varias horas en un bar disfrutando con amigos y llenando sus bolsillos con dinero recién ganado, se encontró cara a cara con la violencia.
Una jugada fatídica
Todo comenzó cuando el dueño del bar notó que su cliente llevaba dos fajos de billetes de 50 euros bien guardados en su chaleco. Con la confianza de haber compartido algunas partidas en las máquinas tragaperras, el joven que entró al local se acercó a él. Pero lo que parecía una amistad genuina pronto dio paso a algo mucho más oscuro.
A las 19:00 horas, cinco hombres hicieron acto de presencia en el bar. Entre ellos estaba aquel que había estado jugando junto al capataz. Al principio, parecían estar allí por diversión; comenzaron a jugar al dominó y todo parecía tranquilo. Sin embargo, una discusión entre los dos jugadores pronto encendió la mecha. En un intento por calmar las aguas, uno de los hombres llevó al agredido hacia la barra mientras otro le decía: -Me voy para no pegarte.
Poco después, el grupo salió del establecimiento y la víctima decidió seguirles para intentar aclarar las cosas. Pero lo que sucedió después fue un desastre total: regresó ensangrentado por la nariz y con su chaqueta destrozada, habiendo perdido no solo los 8.000 euros, sino también su tranquilidad.
La Policía Nacional ya ha detenido a uno de los agresores en Son Gotleu y continúa trabajando para dar caza a los otros dos implicados en este lamentable episodio de violencia e impunidad. Es hora de reflexionar sobre lo ocurrido y preguntarnos: ¿hasta cuándo permitiremos este tipo de actos en nuestra comunidad?

