Todo comenzó una tarde de mayo, alrededor de las 21.40 horas, en un bar del barrio del Rafal en Palma. Un hombre español, que al parecer había acumulado varias consumiciones, decidió no pagar su cuenta. El dueño, un ciudadano chino de 38 años, le pidió amablemente que saliera del local. Pero lo que debía ser una simple conversación se tornó en un tenso enfrentamiento verbal.
Una discusión que se torna violenta
El cliente no solo se negó a pagar, sino que también empujó a la mujer del propietario. Fue entonces cuando el ambiente se caldeó y el dueño perdió los estribos. A pesar de la intervención de su esposa, quien trató de calmar la situación y convencer al hombre para que abandonara el local, este último empujó a la trabajadora y cayó al suelo.
No contento con ello, el propietario salió disparado hacia la barra y regresó armado con una barra metálica. Sin pensarlo dos veces, golpeó al cliente por detrás, dejándole una brecha considerable en la cabeza. Cuando llegó la policía local, encontraron a la víctima sangrando profusamente y algo ebria.
Las autoridades no solo intervinieron para brindarle asistencia médica urgente; también aseguraron como evidencia tanto la barra como un cuchillo utilizado previamente para amenazar al cliente. Después de revisar las grabaciones de seguridad del establecimiento y comprobar lo sucedido, detuvieron al dueño por lesiones y amenazas.
Mientras tanto, su mujer quedó informada sobre cómo proceder con una denuncia por maltrato leve. Todo esto ocurre en un espacio que debería ser seguro y acogedor para todos nosotros; sin embargo, aquí estamos hablando de violencia gratuita provocada por un simple desacuerdo económico.

