Era una tarde cualquiera en Palma, pero todo cambió cuando Jorge, que circulaba por la calle Teodor Llorente, se vio envuelto en una repentina tormenta. En cuestión de segundos, el cielo se oscureció y comenzó a caer agua con fuerza. A su alrededor, los truenos retumbaban y los relámpagos surcaban el cielo. Sin embargo, lo que nunca imaginó fue que uno de esos rayos acabaría impactando su coche.
Al girar hacia la izquierda por el Passeig Mallorca, Jorge quedó paralizado al ver su capó ¡en llamas! «Se encendió en un instante. Todo estaba en llamas y lloviendo a cántaros», relataba con incredulidad. Los viandantes no tardaron en hacer sus propias conjeturas: «A este coche le ha caído un rayo», decían entre murmullos.
La rápida respuesta ante lo inesperado
En medio del caos, una mujer entró corriendo al establecimiento Natura pidiendo ayuda mientras las llamas devoraban el vehículo. Los empleados actuaron rápido; agarraron un extintor y gracias a ellos Jorge pudo sofocar el incendio antes de que fuera demasiado tarde. Pronto llegaron los Bombers de Palma, quienes también se sorprendieron ante lo insólito de la situación.
A medida que examinaban el daño, encontraron el motor completamente derretido y sobre él una extraña marca: ¿la huella de un rayo? La historia parecía sacada de una película. Lo más curioso es que Jorge no sintió ni escuchó nada extraño durante su trayecto; solo vio cómo las llamas aparecieron como un chispazo súbito.
El operario de la grúa fue directo: «Siniestro total». Para Jorge, quien apenas llevaba un año con su coche nuevo, esta experiencia fue bastante más que un susto; fue perder algo en lo que había puesto ilusión sin ninguna advertencia previa. Ahora solo queda esperar qué dirá su compañía de seguros sobre este fenómeno natural tan peculiar.

