Sucesos

Un crimen que marcó a Sencelles: la historia de un padre y su hijo

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El once de octubre de 1995, Sencelles se convirtió en el escenario de una tragedia que dejó huella. Javier Jiménez y yo tuvimos la suerte, o quizás la desgracia, de ser los primeros en llegar al lugar del crimen. Era un día cualquiera, o eso pensábamos, hasta que un amigo de la Judicial nos contó lo ocurrido durante un refrigerio en los festejos de la Guardia Civil. Un padre había apuñalado a su hijo en una caseta de campo, y aunque los detalles eran escasos, nuestra curiosidad nos llevó a investigar.

Un camino hacia lo inexplicable

Nos dirigimos a Sencelles con la determinación propia de quienes han cubierto más historias difíciles de lo que uno podría imaginar. Una vez allí, guiados por nuestra intuición y la información fragmentada que teníamos, encontramos a unos vecinos que confirmaron nuestros temores: sí, el crimen había sucedido ahí mismo.

Al llegar frente a la caseta, recuerdo cómo se iluminó nuestro rostro al ver que podíamos entrar. La puerta estaba atascada pero cedió con un pequeño empujón. Aquello era algo extraordinario para nosotros como periodistas; estábamos dentro del escenario del horror donde una vida se extinguió. Las habitaciones eran sencillas: dos camas pequeñas y recuerdos familiares dispersos por toda la sala.

A medida que recorríamos el lugar, sentimos esa mezcla extraña entre adrenalina y respeto; éramos testigos silenciosos de una historia desgarradora. Lo reconstruimos rápidamente en nuestras mentes: Sebastián, el padre; Bernardo, su hijo adicto a las drogas. Habían estado juntos ese día antes del desastre: almorzaron y compartieron vino. Pero tras esa aparente normalidad se escondía una tragedia sin precedentes.

A las ocho de la tarde, Sebastián tomó un cuchillo y acabó con la vida de su hijo tras inyectarse heroína y tomar pastillas. Cuando los agentes llegaron al lugar creyeron su versión sobre una sobredosis hasta que descubrieron lo peor: el padre les estaba mintiendo.

Nuestra misión fue dejar todo tal como estaba al irnos para no alterar nada antes de dar el salto a la redacción; sabíamos que aún quedaba mucho por contar. El juicio llegó meses después y Sebastián fue condenado a 20 años y un día; tres años más tarde falleció debido a una enfermedad mientras las memorias del trágico evento seguían resonando en Sencelles.

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