La sala del juicio en la Audiencia de Palma se convirtió este viernes en un escenario cargado de tensión. La médica forense, con voz clara y firme, relató lo que había sucedido aquella fatídica noche del 24 de septiembre de 2020. Jaume Llabrés, un joven de solo 32 años, entró a robar marihuana en una finca de Inca y, como resultado de esa decisión desesperada, recibió entre 12 y 15 puñaladas, tres de ellas mortales.
Un ataque brutal e inesperado
Las palabras de la forense no dejaron indiferente a nadie: la víctima se desangró tras el ataque brutal. «Las posibilidades de sobrevivir eran nulas», sentenció, mientras el ambiente se tornaba más sombrío. La abogada de la familia del fallecido preguntó si esas heridas revelaban la fuerza utilizada por el agresor. Ella respondió sin titubear: “Para cortar una costilla hay que hacer bastante fuerza”.
El fiscal Alfonso San Román no dudó en pedir una condena ejemplar para el propietario de la finca: 15 años por homicidio. Mientras tanto, los letrados familiares exigen aún más: 25 años por asesinato. Pero lo que ocurrió esa noche es mucho más que números o penas; es una historia trágica llena de dolor y lucha.
Cabe recordar que los cuatro acusados llegaron en coche con la intención clara de llevarse las plantas, pero fue Jaume quien entró solo al lugar. Los otros tres vigilaban desde fuera, quizás pensando que todo sería un juego fácil. Sin embargo, lo que les esperaba era una confrontación mortal con el dueño del terreno. Cuando este sorprendió a Jaume intentando apoderarse de sus plantas, su reacción fue letal.
No podemos quedarnos callados ante esta realidad cruda y desgarradora; cada detalle cuenta y merece ser escuchado. El juicio continúa y nosotros estamos aquí para seguir contando esta historia.

