Sucesos

Toni Ordóñez, el vecino que no dudó en ayudar tras la tragedia: «Oíamos a uno de los hermanos, pero al otro no»

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Toni Ordóñez vive justo enfrente de la casa que se desplomó ayer. En un instante, la vida de todos cambió cuando un joven de solo 18 años perdió la vida en un derrumbe. Este valiente vecino fue el primero en salir a la calle, decidido a ayudar y sacar escombros para salvar al hermano menor, un niño de 13 años que aún tenía esperanza.

«A las 5 de la mañana escuché un ruido ensordecedor», recuerda Toni. Cuando llegó a la puerta, la madre de los chicos estaba completamente desorientada: “Se ha caído el techo encima de mis hijos”, le dijo. En ese momento, supo que tenía que actuar porque desde dentro se oían voces desesperadas.

La incertidumbre y el heroísmo en medio del caos

Toni narra con emoción cómo vivió esos primeros momentos llenos de miedo e incertidumbre: “La madre estaba en estado de shock. Escuchábamos a uno de los niños gritar, pero al mayor no”. Sacaron lo que pudieron entre gritos y escombros hasta que vieron caer más trozos del techo y tuvieron que retroceder.

Aún está convencido de que el menor se salvó gracias a su posición en una litera: «Si hubiesen tenido dos camas, ambos habrían muerto». Alabo también la rápida actuación de los servicios de emergencia; “Los Bombers llegaron enseguida y lo hicieron increíblemente bien. Tuvieron que tirar parte del muro para llegar hasta el niño”.

A medida que avanzaban las horas, Toni enfrentaba una situación cada vez más complicada. Los policías le pidieron si podían dejar el cuerpo del joven fallecido en su garaje mientras llegaban los forenses. Sin pensarlo dos veces accedió: “Estuvo allí tres o cuatro horas”. Y eso no fue todo; también acogió a los padres en su hogar mientras lidiaban con su doloroso duelo. Recuerda cómo ellos solo decían “perdona” por las circunstancias tan terribles, pero él les respondió sinceramente: “No tienen nada por lo que disculparse”.

Toni comparte sus recuerdos sobre la familia afectada con cariño: “Son gente maravillosa. El padre es pastor evangélico; siempre sereno y educado. Sus hijos son unos chicos buenos; mi hija iba con uno al colegio y nunca se metieron con nadie”. Un testimonio desgarrador pero lleno de humanidad ante una tragedia inimaginable.

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