Rashida se encontraba frente a su casa, apenas a unos pasos de la vivienda que esta madrugada se convirtió en escenario de un doloroso derrumbe. «Los padres lloraban y me decían: ‘Ayúdame, mi niño está muerto’», son palabras que retumban como un eco desgarrador en su memoria. En esa fatídica mañana, un joven de solo 18 años perdió la vida y su hermano pequeño, de 13, fue trasladado a Son Espases con heridas que aún no se han podido evaluar del todo.
La tragedia ocurrió alrededor de las cinco de la mañana. Rashida todavía estaba en la cama cuando un estruendo rompió el silencio nocturno: «Escuché un fuerte golpe, muchos gritos… alguien decía ‘madre mía, mi niño, mi niño’». La vecina salió corriendo para ver qué estaba pasando y lo que encontró le heló la sangre. Los padres estaban allí, entre lágrimas y desesperación, clamando por ayuda.
El caos y la incertidumbre
Aquellos primeros momentos fueron confusos; Rashida no sabía bien qué había pasado hasta que las sirenas comenzaron a acercarse. «Después de unos 15 minutos llegaron bomberos, policía y ambulancias; ahí entendí lo grave de la situación», compartió con voz temblorosa. No era solo una vecina más; ella también conocía a esa familia. Sus hijos tenían la misma edad que los chicos afectados y habían compartido risas y juegos juntos.
Sintiendo el peso del dolor ajeno, Rashida reveló que su marido también está devastado por lo ocurrido: «Él es amigo del padre; está muy afectado y tiene el corazón hecho trizas». En ese rincón de Manacor hoy hay más sombras que luces; una comunidad entera siente el luto por estos jóvenes perdidos demasiado pronto.

