La mañana del lunes en el Paseo Marítimo de Palma dejó a más de uno con la boca abierta. Un trabajador de un minimarket, que claramente había cruzado todas las líneas, decidió que era un buen momento para repartir pizzas… pero en pelotas. Imagina la escena: un tipo desnudo lanzando por los aires cajas de pizza a los viandantes, mientras todos se quedaban boquiabiertos y algunos incluso aterrorizados.
¿Qué estaba pasando?
El hombre, antes de convertirse en este curioso repartidor, había hecho una parada poco recomendable en los baños del local. Allí se preparó una mezcla explosiva: cocaína y sales de baño, conocidas entre los consumidores como “la droga caníbal”. Y claro, eso le sentó fatal. Al salir, parece que la ropa no era parte del plan y decidió dejarla atrás mientras buscaba a quién morder—sí, has leído bien.
Los transeúntes cerca del hotel Bellver no sabían si reír o llorar al ver semejante espectáculo. Cuando alguien le recriminó su conducta tan peculiar, él respondió gritando “¡racistas!” y volvió corriendo al minimarket para hacerse con unas cuantas pizzas que lanzó al aire como si fueran frisbees. Todo un show.
Un vecino comenta que esto no es algo nuevo. “Ya ha pasado varias veces”, dice. “Él no tiene ni idea de lo que hace hasta que el efecto se le pasa. Al día siguiente vuelve a la tienda como si nada hubiera ocurrido.” La vida sigue en Palma, pero hay días en los que definitivamente las cosas se ponen raras.