En el corazón de Palma, justo en el número 10 de la calle Gumersindo, un nuevo edificio se alzaba con la esperanza de acoger a sus futuros propietarios. Sin embargo, este martes, alrededor del mediodía, la calma del lugar se vio interrumpida por un grupo de okupas que decidieron hacer su entrada triunfal.
Una intervención necesaria
Los vecinos, alarmados por los gritos y alborotos provenientes del interior, no tardaron en reaccionar. Consciente de que algo no iba bien, llamaron rápidamente a la Policía Nacional. En cuestión de minutos, tres furgones de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) llegaron al lugar para evitar lo que podría haber sido una ocupación masiva.
Al llegar, los agentes encontraron a los okupas discutiendo animadamente entre ellos junto a la piscina comunitaria del edificio. Tras una breve conversación y usando más diálogo que fuerza bruta, lograron convencerlos para que abandonaran el inmueble sin mayores complicaciones. Los nuevos propietarios estaban ansiosos por recibir las llaves y empezar una nueva etapa en sus vidas; sin embargo, esa posibilidad pendía de un hilo hasta que las autoridades actuaron.
Este incidente nos recuerda cómo el fenómeno de la okupación sigue siendo una realidad constante en nuestras ciudades. A veces parece que algunos quieren tirar a la basura los sueños ajenos por aprovecharse de lo nuevo. Es vital seguir vigilantes y defender nuestro espacio común.