Este lunes, en los juzgados de Manacor, se llevó a cabo una declaración que dejó a muchos con la boca abierta. Dennis Viehof, el patrón del yate que acabó con la vida de un joven en Cala Bona, afirmó que no se dio cuenta del atropello y aseguró que no había consumido alcohol. Sin embargo, esta declaración ha levantado más de una ceja entre los presentes.
La tragedia en el mar
La jueza decidió retirar el pasaporte a este multimillonario alemán de 35 años, así como su título para navegar. Viehof enfrenta acusaciones serias: homicidio imprudente y omisión del deber de socorro. Durante su declaración, intentó defenderse diciendo que navegaba a 22 nudos y que no actuaba de manera temeraria. Su abogado salió al paso ante los medios después de escuchar a su cliente: “Los testigos han dicho que lo vieron pasar a 400 metros del núcleo donde estaban pescando. ¡400 metros son cuatro campos de fútbol! Eso es mucha distancia como para hablar de temeridad”, defendió con énfasis.
Pero hay algo más inquietante en esta historia. El bote donde estaba Guillem Comamala junto a su tío y primo no contaba con luces. “Es una desgracia”, lamentó el letrado, quien también hizo hincapié en que no se puede criminalizar sin razón alguna.
El trágico accidente ocurrió alrededor de las diez de la noche del pasado 23 de agosto cuando Dennis navegaba con amigos en La Luna, un lujoso yate familiar casi de 20 metros. Al llegar al Cap Pinar, arrolló al pequeño bote donde Guillem pescaba. La víctima murió instantáneamente tras ser golpeada por las hélices; sus acompañantes salieron ilesos pero aterrorizados.
“El yate iba a toda velocidad, nosotros gritamos como locos”, recordaba el tío del joven apenas un día después del siniestro, dejando claro el caos vivido esa noche fatídica. Los investigadores señalaron que Viehof navegaba a una velocidad excesiva en un área concurrida por barcos pesqueros y mencionaron una posible responsabilidad compartida entre ambos patrones implicados en este horrendo accidente.