En un caluroso día romano, una turista decidió que nadar en la icónica Fontana di Trevi era la mejor manera de refrescarse. Sin pensarlo dos veces, se zambulló ante una multitud sorprendida. ¿Qué podría salir mal? Pues, mucho.
Este jueves, mientras otros visitantes disfrutaban de las vistas y sacaban fotos del magnífico monumento barroco, ella, con sus gafas de sol aún puestas, saltó al agua como si estuviera en su piscina privada. Pero claro, esto no fue bien recibido por los guardias de seguridad que estaban vigilando el lugar. En cuestión de segundos, dos agentes se acercaron con cara seria para pedirle que saliera del agua.
Suplicando por evitar la multa
La escena se tornó un poco caótica; un hombre que la acompañaba intentaba convencerla de que regresara a la orilla mientras ella seguía gritando: «¡No! ¡No!». Finalmente, ambos fueron expulsados del área y ella fue vista más tarde hablando con dos policías italianos. Según contaron testigos, no tardó en suplicarles que no le pusieran una multa por su arriesgada aventura acuática.
Aunque no hay confirmación sobre si tuvo que pagar algo al final, lo cierto es que esta no es la primera vez que alguien termina en problemas por hacer locuras en esta famosa fuente. Hace apenas dos semanas, otro turista fue sancionado con 500 euros por saltar de cabeza. Así que ya saben: a veces buscar un chapuzón puede salir más caro de lo pensado.

