Imagina que llegas a un nuevo país y te enamoras de su comida. Eso le ha pasado a Kei, un joven japonés que vive en Valencia y se ha dejado cautivar por la gastronomía española. Este creador de contenido no ha podido resistir la tentación de compartir con sus seguidores su ranking personal de los diez platos que más le han robado el corazón.
Una lista para chuparse los dedos
Kei comienza su lista con una sorpresa: en el décimo puesto está la ensaladilla rusa. “Es simple, pero me gusta”, confiesa sin tapujos. Pero las sorpresas no acaban ahí; el siguiente en la lista es el gazpacho, que al principio no le convencía, pero tras probarlo varias veces, se convirtió en uno de sus favoritos. ¡A veces hay que darle una segunda oportunidad a las cosas!
En octavo lugar, los inconfundibles calamares a la romana, siempre mejor si van acompañados de un buen alioli. Y justo detrás, las famosas patatas bravas, que están entre las preferidas del chico. Al entrar en la parte alta de su lista, nos encontramos con el delicioso pulpo a la gallega, que tuvo su momento estelar cuando lo probó en Santiago: “Estaba muy top”, dice con una sonrisa.
A medida que avanza, Kei revela aún más joyas culinarias. En quinto lugar está la fideuá, pero solo si es “gandiense”. La cuarta posición es para la emblemática tortilla española, pero aquí viene lo mejor: tiene que ser “con cebolla y poco hecha”. Y así llegamos al trío final, donde todo se vuelve más emocionante.
Croquetas de jamón: medalla de bronce por méritos propios. “Esto debería ser ilegal porque está de cojon*s”, bromea entre risas. Por otro lado, los bocadillos ocupan un merecido segundo lugar; aunque no especifica cuál prefiere, sí deja claro cómo deben servirse: “En un bar valenciano y con un metro de barra de pan”. Y finalmente, como era de esperar para cualquier amante del buen comer en España, la indiscutible campeona es la paella, siempre valenciana porque “fuera de Valencia es arroz”.
No cabe duda: Kei ha abrazado nuestra cultura gastronómica con entusiasmo y mucho sentido del humor. Su experiencia nos recuerda que cada plato cuenta una historia y cada sabor puede convertirse en un puente entre culturas.

