El pasado domingo, 2 de marzo, el Muelle de Santa Mónica se convirtió en escenario de un episodio escalofriante. Tres conocidas streamers estadounidenses, Valkyrae, Cinna y Emiru, vivieron un momento que nunca debió suceder mientras transmitían en vivo a través de Twitch.
Todo comenzó cuando un hombre, aún sin identificar, se acercó a Emily, conocida como Emiru, pidiéndole su número de teléfono. Ella lo rechazó amablemente, pero eso desató una persecución que duró casi media hora. En pleno directo, el acosador irrumpió con gritos amenazantes: “¡las mataré ahora mismo!”, dejando a las jóvenes influencers aterrorizadas y clamando por ayuda.
Tensión y miedo en la transmisión
La angustia era palpable mientras intentaban escapar del hombre que las acechaba. Por suerte, varios agentes de seguridad llegaron al lugar tras unos minutos que parecieron eternos; sin embargo, la transmisión se cortó abruptamente justo después del incidente. Afortunadamente, las tres salieron ilesas.
Poco después del ataque, Rachell, conocida como Valkyrae, compartió un mensaje en su cuenta de X. «Estamos todos bien y hemos estado con la policía», escribió visiblemente afectada por lo ocurrido. La influencer anunció que tanto ella como Cinna habían decidido pausar su evento ‘Sis-a-thon’, explicando que necesitaban tiempo para procesar lo sucedido.
A pesar del miedo vivido, ambas agradecieron a sus seguidores por el apoyo recibido durante esos días complicados. Sin embargo, también quisieron dejar claro algo importante: no querían que nadie acosara al posible culpable mientras se gestionaba la situación con las autoridades. “Por favor no hostiguen al sujeto”, solicitó Cinna en su red social.
No obstante, ya han surgido especulaciones sobre un joven llamado Russel; supuestamente fue fotografiado con ellas apenas media hora antes del ataque y esa imagen ha comenzado a circular rápidamente por las redes sociales.
Lo más impactante es que esto pone sobre la mesa una realidad incómoda: el acoso hacia mujeres en espacios públicos sigue siendo un problema alarmante. Las streamers merecen poder trabajar y disfrutar de su vida sin miedo ni amenazas.