En un giro inesperado, Google ha decidido llevar la inteligencia artificial a nuevas alturas, y no estamos hablando solo de su evolución tecnológica en la Tierra. El próximo 1 de octubre, la compañía dará un paso audaz al poner en órbita un satélite experimental equipado con sus procesadores TPU. ¿El objetivo? Ver si estos chips pueden soportar las duras condiciones del espacio.
Un viaje lleno de retos
La misión, parte del Project Suncatcher, busca responder a una pregunta fundamental: ¿pueden estos chips sobrevivir al lanzamiento y funcionar correctamente en el vacío? La nave que transportará los procesadores será parte de la misión Transporter-18 de SpaceX, y aunque no se convertirá en un centro de datos operativo aún, sí servirá para recopilar datos valiosos.
La travesía hasta alcanzar la órbita terrestre baja puede parecer sencilla, pero es todo lo contrario. Durante esos diez minutos críticos, los componentes se enfrentarán a fuerzas que podrían superar las 100 g. Para tener una idea clara de lo que esto implica, imagina estar dentro de una montaña rusa con aceleraciones brutales. Google ya ha hecho pruebas aquí en la Tierra para simular esas condiciones y parece que los resultados han sido prometedores.
Aún así, nada se compara con lo que sucederá una vez que los chips estén realmente flotando en el espacio. Una vez fuera de nuestra atmósfera, estarán expuestos a radiación intensa que puede causar errores imprevistos. Estos llamados ‘bit flips’ podrían convertir un simple cero en un uno; algo crucial para mantener la integridad de cualquier cálculo realizado por inteligencia artificial.
No obstante, Google está preparado y ya ha sometido sus procesadores a pruebas intensivas en laboratorios. Sin embargo, ellos mismos reconocen que hay situaciones que solo se pueden verificar in situ. Y el 1 de octubre será esa oportunidad dorada.
Pero no todo termina ahí; también deben lidiar con otro gran reto: el calor generado por los propios chips. En el vacío del espacio no hay aire para enfriar adecuadamente esos procesadores calentados por su propia actividad. Para ello están diseñando sistemas innovadores capaces de gestionar esta energía térmica excesiva.
Aunque este primer paso puede parecer pequeño para muchos, es clave para entender cómo Google quiere abordar el creciente consumo energético asociado a la inteligencia artificial. Con paneles solares generando hasta ocho veces más energía en ciertas órbitas comparado con la superficie terrestre, esto podría abrir nuevas posibilidades no solo para ellos sino también para toda la industria tecnológica.

