En la comuna de Taltal, en la provincia de Antofagasta, Chile, se está gestando un monstruo industrial. Hablamos del Proyecto Integrado de Infraestructura Energética para la Generación de Hidrógeno y Amoníaco Verde, conocido como INNA. Este ambicioso plan propone producir 100.000 toneladas de hidrógeno verde y 650.000 toneladas de amoníaco al año. Pero aquí viene lo alarmante: esta megaconstrucción abarca una superficie que equivale a una pequeña ciudad, con una planta desoladora para abastecerse de agua.
Un impacto devastador para el cosmos
Sin embargo, un análisis del Observatorio Europeo Austral (ESO) ha dejado claro que los efectos del proyecto son preocupantes. La contaminación lumínica aumentará en un 35% sobre el Very Large Telescope (VLT) y más del 50% sobre el Cherenkov Telescope Array Observatory (CTAO-Sur). Esto no es solo un dato técnico; es una amenaza real a nuestra capacidad de observar el universo tal y como lo conocemos.
Itziar de Gregorio-Monsalvo, representante de ESO en Chile, ha expresado su preocupación: «Con un cielo más brillante, limitamos severamente nuestra capacidad para detectar exoplanetas similares a la Tierra o monitorizar asteroides que podrían amenazar nuestro planeta». Y es que este tipo de proyectos no solo entorpecen investigaciones vitales; también nos roban esa conexión íntima con el cosmos que tanto valoramos.
El estudio concluye que el impacto del INNA será «devastador, irreversible y no mitigable». Así las cosas, se plantea una solución: alejar este monstruo industrial entre 50 y 100 kilómetros del observatorio europeo si realmente queremos proteger nuestras estrellas y nuestro futuro como exploradores del espacio.