Mirar al cielo puede ser una experiencia abrumadora. La inmensidad del Universo, con sus secretos aún por descubrir, nos recuerda lo pequeños que somos. Los asteroides, esos cuerpos celestes que parecen salidos de una película de ciencia ficción, han vuelto a acaparar la atención pública. Todo gracias a un inesperado visitante que nos ha hecho replantearnos nuestras certezas: el asteroide 2024 YR4.
A finales de diciembre, un observatorio en Chile detectó esta roca espacial de entre 40 y 90 metros de diámetro. Pero aquí es donde España entra en juego. El Gran Telescopio de Canarias ha sido clave para conocer más sobre su composición y trayectoria. Sin embargo, la verdadera preocupación radica en su camino: según los últimos cálculos de la NASA, hay un inquietante 3,1% de posibilidades de que impacte contra la Tierra el 22 de diciembre de 2032.
La sombra del pasado: Apophis
No es la primera vez que nos enfrentamos a una situación así. Recientemente, el asteroide Apophis se convirtió en una figura casi mítica entre los científicos y el público. Descubierto en 2004, su tamaño equivalía al del Empire State Building y parecía destinado a ser una gran amenaza hasta que estudios posteriores disiparon los temores. ¿Podría suceder lo mismo con el recién llegado YR4?
A medida que pasamos las semanas desde su descubrimiento, expertos aseguran que es pronto para alarmarse demasiado. La probabilidad podría disminuir a medida que se estudie más este cuerpo celeste. Mientras tanto, la comunidad científica está trabajando incansablemente para entender mejor su trayectoria antes de que se aleje nuevamente.
Aunque este escenario puede parecer sacado directamente de una película apocalíptica, no debemos perder la perspectiva ni dejarse llevar por el pánico inmediato. Con cada nuevo hallazgo sobre estos objetos espaciales misteriosos se abre un mundo lleno de posibilidades y preguntas sin respuesta.