En un rincón de nuestra querida Mallorca, donde el sol acaricia las olas y la cultura se respira en cada esquina, hay una conversación que no podemos ignorar. Mientras muchos sueñan con escapadas a Nueva York por trescientos euros, nosotros solo pedimos una vida normal. ¿Es mucho pedir?
Los ayuntamientos, esos que tienen la llave para abrir o cerrar el grifo del turismo, parecen estar mirando hacia otro lado. Mercè Pinya, voz crítica de esta realidad, nos recuerda que la presión turística está ahí, y no se puede seguir ignorando.
Demandas desde la comunidad
Y es que no estamos solos en esta lucha. En Portocolom, unas 300 personas se han alzado para reclamar amarramientos que protejan nuestras barcas tradicionales. Esas embarcaciones que cuentan historias de antaño y son parte de nuestra identidad. No queremos ver cómo se pierden en un mar de cemento y monocultivo turístico.
Aún más preocupante es lo que sucede bajo el agua. La posidonia está sufriendo; hasta 225 días de calor al año son demasiado para nuestros mares. ¿Vamos a dejar que todo esto se hunda mientras seguimos pensando en viajes lejanos? Es hora de actuar.

