Volvemos a los parques, esos espacios que deberían ser el alma de nuestras ciudades, pero parece que hemos perdido la esencia. Nos encontramos con un paisaje donde el bajo consumo y la desconexión son protagonistas. La socióloga Alba Tarragó lo resume perfectamente: «No somos tus groupies; no vamos a adoptar las aficiones de nuestro compañero solo porque sí». Y es que hay algo en el aire que nos empuja a reflexionar.
Una lucha por la identidad
Hay quienes dicen que ser una charca es un malson, como si no tuviéramos personalidad propia, sino que fuéramos simplemente unas esnobs buscando tendencias. Pero, ¿es eso lo que queremos? La pregunta resuena en cada rincón del parque. En este entorno tan vivo, deseamos conectar de verdad, vivir experiencias auténticas.
No podemos dejar que la rutina y el miedo a salir nos arrastren a un monocultivo turístico donde todo se convierte en una mera atracción superficial. Queremos estar presentes, disfrutar y recordar cómo solíamos reírnos juntos mientras paseábamos bajo los árboles. Así que aquí estamos, alzando la voz para reclamar nuestros espacios y nuestra esencia.

