En el corazón de Palma, un grupo de valientes trabajadoras de las escoletas ha decidido alzar la voz. «Basta ya», gritan con lágrimas en los ojos y una impotencia que se siente en cada rincón. Pilar, tras años de dedicación, ahora se encuentra en una situación desgarradora: «He cotizado 40 años y ahora duermo en mi coche». La realidad que viven estas mujeres es una bofetada a la dignidad humana.
Promesas vacías
Las promesas son solo palabras si no vienen acompañadas de acción. Estas trabajadoras están cansadas de escuchar que todo va a mejorar mientras luchan día a día por llegar a fin de mes. La situación es crítica y la respuesta del Ayuntamiento deja mucho que desear. Una promesa no paga el alquiler, y eso lo saben muy bien quienes tienen que hacer malabares para cubrir sus necesidades básicas.
A medida que avanza esta lucha, se levantan voces no solo contra la falta de recursos, sino también contra decisiones cuestionables como la reciente autorización para abrir una gasolinera en Platja de Palma, en una zona propensa a inundaciones. ¿Qué futuro estamos construyendo?
El tiempo apremia y, mientras tanto, nuestros vecinos siguen sufriendo por decisiones erróneas y negligentes. Es hora de actuar juntos porque nadie debería tener que vivir así.

