En el corazón de nuestra comunidad, los ecos de la desesperación resuenan cada vez más fuerte. Los habitantes del barrio de Pere Garau han alzado la voz y no tienen miedo a decir lo que piensan. «Hi ha rates i coloms morts durant dies», claman, describiendo una situación insostenible que parece no tener fin. La escena es desoladora y refleja una realidad que muchos prefieren ignorar.
¿Quién se preocupa por nuestro hogar?
El gobierno local, en un intento por dar respuestas, ha declarado que no pudo evitar que un tercero comprara Can Pesquet, dejando a todos con un sabor amargo. «Ja ho veurem», es la única respuesta que han recibido los vecinos, como si eso pudiera calmar su inquietud. ¿Es esta la atención que merecemos? La sensación de abandono crece día tras día.
A medida que miramos hacia adelante, nos preguntamos: ¿quién tomará las riendas y se encargará de revitalizar un espacio tan querido por todos nosotros? El tiempo pasa y los problemas persisten. No podemos seguir tirando a la basura nuestra historia y cultura local. Es hora de actuar antes de que sea demasiado tarde.

