En Manacor, el problema es más que evidente. El desviamiento del torrent, que debería ser nuestra salvaguarda contra las inundaciones, simplemente no está funcionando. Como resultado, un tercio de la ciudad se encuentra en riesgo y la preocupación entre los vecinos crece día a día.
No es solo una cifra; son familias, hogares y sueños que podrían verse arrasados por una tormenta inesperada. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que la ineptitud nos ponga en peligro? La indignación es palpable cuando escuchamos a los ciudadanos clamar: «¡Esto no puede seguir así!».
Una llamada a la acción urgente
La situación exige respuestas. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras el agua amenaza con entrar en nuestros hogares. Necesitamos soluciones reales, planes de actuación eficaces y sobre todo, un compromiso serio por parte de quienes deben protegernos.
Es hora de dejar atrás las palabras vacías y pasar a la acción. Manacor no puede permitirse caer en el olvido ni ser víctima de un sistema que parece ignorar sus necesidades más básicas. Es un grito desesperado por justicia y seguridad para todos.

