En Pere Garau, la situación es insostenible. Los vecinos están al límite por la cantidad de coches abandonados que llevan meses ocupando las calles. No es solo una cuestión estética; es una falta de respeto hacia la comunidad que merece ser escuchada.
Una batalla cotidiana
La frustración se siente en el aire. “No podemos salir a pasear sin tropezar con un vehículo tirado”, comenta María, una vecina que ya ha perdido la cuenta de cuántas veces ha reclamado a las autoridades. Estos coches no son solo chatarra; son recordatorios constantes del abandono y del descuido. Cada vez que alguien intenta aparcar o simplemente caminar, se topa con esta problemática que parece no tener fin.
¿Y qué hacen las autoridades? La respuesta suele ser un silencio ensordecedor, como si los problemas de los ciudadanos estuvieran condenados a ser ignorados. “Es hora de actuar”, gritan algunos desde sus balcones, mientras otros comparten historias sobre cómo han tenido que lidiar con estos obstáculos día tras día.
Pere Garau merece más; merece calles limpias y seguras para todos. La comunidad se une para exigir soluciones reales y urgentes ante esta situación que ya no pueden tolerar más.

