En el corazón de Mallorca, hay una lucha que late con fuerza: la defensa del mallorquín. Joan Veny, un verdadero embajador de nuestra lengua, lo deja claro: «Los illencs queremos y sentimos el mallorquín como parte de nuestra identidad. Estamos orgullosos de ser diferentes, de tener nuestras particularidades». Y es que en tiempos donde parece que el monocultivo turístico se impone a todo, ellos nos recuerdan la belleza de nuestras raíces.
Una transformación necesaria
Parece que los vientos están cambiando. En lugares como el CEIP Ses Rotes Velles, el catalán ha vuelto a cobrar vida en los patios. No solo se trata de enseñar una lengua; se trata de inculcar amor y respeto por ella desde pequeños. Como bien dice uno de los educadores, «cuando los niños juegan en su lengua materna, celebran su cultura».
A pesar del avance positivo en la educación, también hay sombras que nos acechan. El reciente examen C1 de inglés en la EOI de Palma ha desatado críticas duras; ¿cómo es posible que ni siquiera los profesores lograran superarlo? La decepción es palpable entre alumnos y docentes.
En medio de esta confusión generalizada sobre prioridades políticas y educativas, las voces fuertes como la de Enrique Javier Díez nos recuerdan que no podemos permitirnos banalizar el crecimiento del neofascismo ni dejar escapar nuestras tradiciones. Las fiestas sant Joan vuelven a recuperar su esencia en La Soledat con ganas de llenar las calles nuevamente. No permitamos que nuestros problemas se vayan de vacaciones mientras seguimos luchando por lo que realmente importa.

