Con el termómetro disparado y la alerta groga activada, Mallorca se encuentra en un aprieto. Esos días de verano que solíamos disfrutar están dando paso a un calor extremo, especialmente en el interior de la isla. En una época en la que todos queremos salir a disfrutar del sol, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿es este el precio que pagamos por no cuidar nuestro entorno?
Una llamada de atención necesaria
El Govern ha reconocido que su Pla de conservació marina, presentado en febrero, no es más que «una declaración de intenciones». ¡Menudo aviso! Mientras tanto, nuestros socorristas en Palma han decidido plantar cara al Ayuntamiento y amenazan con ir a la huelga. La indignación crece entre quienes ven cómo se deja de lado su seguridad y bienestar.
No podemos seguir tirando a la basura nuestras playas ni permitiendo que el monocultivo turístico ahogue nuestra biodiversidad. Aena intenta justificar esa polémica publicidad de ‘Malle’ en el aeropuerto, pero muchos no se tragan esa historia y culpan a las autoridades por permitir una masificación insostenible.
En este contexto tenso, Joan Moranta asume la presidencia del GOB Mallorca con una misión clara: cuidar lo nuestro y poner freno a estas irregularidades. Y mientras tanto, los problemas persisten; desde chabolas precintadas hasta la falta de apoyo para eventos culturales tan importantes como la fiesta del Flexas.
Así estamos: desinfectando lugares tras manifestaciones contra el fascismo y viendo cómo nuestros valores se diluyen entre intereses económicos. Necesitamos reflexionar sobre lo que realmente importa antes de que sea demasiado tarde.

