Este sábado, Palma se llenó de vida y de esperanza cuando miles de personas salieron a las calles para exigir lo que les corresponde: un techo digno. Con pancartas en mano y gritos que resonaban en cada rincón, el mensaje fue claro: «Lloguer turístic, fora de Mallorca«. La indignación ante una situación insostenible estaba palpable en el aire.
Un grito colectivo por el derecho a la vivienda
Cerca de 37 entidades se unieron para organizar esta manifestación, evidenciando que la lucha por el acceso a la vivienda no es solo una cuestión individual, sino un desafío colectivo. A menos de 24 horas del evento, algunas inmobiliarias ya habían sido vandalizadas con pintadas que decían «culpables», reflejando la frustración acumulada por años de políticas ineficaces.
Y es que mientras algunos piensan que sacrificar espacios públicos para construir más pisos es una solución mágica, los ciudadanos saben que esto solo perpetúa un monocultivo turístico dañino. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que nuestras ciudades se conviertan en meros escaparates para turistas?
Así se sintió la comunidad ese día: unidos, firmes y decididos a alzar su voz. Esta manifestación no solo fue un acto reivindicativo; fue una celebración del poder colectivo frente a quienes deciden por nosotros sin tener en cuenta nuestras necesidades reales. La lucha apenas comienza.