Era una noche cualquiera en la antigua prisión de Palma, un lugar que parecía estar atrapado en el tiempo. Entre sombras y ecos, se escuchaba el crujir de los muros mientras algunos residentes intentaban hacer frente a su difícil realidad. La Policia Local ha dado un ultimátum: solo diez días para abandonar el lugar. ¿Y qué hay del futuro? Un Gobierno que no ha movido ni un ladrillo para construir viviendas protegidas durante toda esta legislatura.
Un problema creciente
A pesar de que la construcción de pisos ha aumentado un 18% en las Islas Baleares, los expertos advierten que es totalmente insuficiente. La gente sigue esperando, mientras se acumulan las promesas vacías y los sueños rotos. Y por si fuera poco, escuchamos historias desgarradoras: amenazas y agresiones contra quienes intentan poner orden en este caos social.
Al final del día, vivimos en un sistema donde muchos miran hacia otro lado. Mientras tanto, otros luchan por lo básico: un hogar digno y seguro. Es hora de que todos tomemos cartas en el asunto; nadie debería tener que hacer acrobacias para espantar a las ratas en su propia casa.