Los ecos de la frustración resuenan en las calles. Las leyes y normas urbanísticas parecen un laberinto del que nadie puede escapar, y mientras tanto, nosotros, los ciudadanos, nos sentimos atrapados. Es como si nos estuvieran tomando el pelo, ¿verdad? Cada día es una nueva batalla en la que nos preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar este caos?
La denuncia de los espeleólogos
A medida que la contaminación avanza sin control en lugares emblemáticos como la cova de Vallgornera, la comunidad no se queda callada. Los espeleólogos han levantado la voz y han llevado su protesta hasta la Comisión Europea. Porque no solo hablamos de un lugar precioso que merece ser preservado; hablamos de nuestra identidad y nuestro legado. Es hora de poner fin a esta locura.
La situación se complica aún más cuando vemos cómo jóvenes padres lidian con la pobreza energética; ellos mismos dicen: “¡Nos duchamos cada dos días!”. Y mientras tanto, las decisiones políticas siguen cayendo en saco roto. Nos preguntamos: ¿quién sostiene todo esto? Desde el campo hasta el ejército, parece que hay muchas sombras detrás del apoyo a partidos como Vox.
No podemos olvidar que hoy celebramos el 150 aniversario del tren en Mallorca. Sin embargo, ni las mamballetes ni las críticas ocultan lo evidente: estamos ante un punto crítico donde el futuro de nuestra tierra está en juego.