En un mundo donde las palabras tienen un peso inmenso, Mònica Estruch se levanta con una voz firme y clara. Ella lo dice sin rodeos: «Tenim una responsabilitat amb el tipus de català que ensenyem«. ¿Y qué significa esto? Que no podemos permitirnos tirar a la basura nuestra lengua y cultura por conveniencia o falta de esfuerzo. Hay que cuidarla, nutriéndola con autenticidad y amor.
La importancia del lenguaje en nuestras vidas
No es solo cuestión de gramática o vocabulario; se trata de identidad, de raíces profundas que nos conectan como comunidad. La forma en que enseñamos el catalán tiene un impacto real en cómo lo percibimos todos los días. Como bien subraya Estruch, la enseñanza del idioma debe ser un reflejo fiel de nuestra diversidad cultural. Cada acento, cada variante, cuenta una historia única y merece ser escuchada.
Las palabras son poderosas, y aquí estamos ante la oportunidad de empoderar a las nuevas generaciones con un catalán auténtico. Así que, la próxima vez que pensemos en cómo enseñarlo, recordemos que tenemos la responsabilidad de hacerlo bien, no solo por nosotros mismos, sino por quienes vendrán después.