En una mañana soleada en Palma, un mar de caravanistas se reunió para alzar su voz contra una ordenanza que muchos consideran discriminatoria y arbitraria. Centenares de ellos, con pancartas en mano y una pasión palpable, se plantaron frente a las autoridades locales, clamando por un cambio que resuene no solo en la capital balear, sino en toda España.
La lucha por el derecho a disfrutar
¿Hasta cuándo vamos a permitir que nuestras libertades sean pisoteadas? Esta es la pregunta que ronda entre los presentes. Caravanistas de diferentes rincones del país compartían sus historias, revelando cómo esta normativa amenaza su forma de vida. «No estamos aquí solo por nosotros; estamos luchando por el derecho a disfrutar de nuestra tierra sin ser tratados como ciudadanos de segunda», decía uno de los manifestantes con fervor.
La indignación era evidente. La ordenanza, argumentan, ha sido diseñada sin tener en cuenta las necesidades y derechos de quienes viven y viajan en autocaravana. En lugar de promover un turismo sostenible y diverso, se corre el riesgo de convertir nuestras costas en un monocultivo turístico, donde solo se valora el beneficio económico rápido.
A medida que avanzaba la jornada, se sentía una conexión especial entre todos los asistentes. Gente diversa pero unida bajo un mismo lema: ¡basta ya! La comunidad ha decidido no tirar a la basura sus derechos y están dispuestos a luchar por ellos.