En Can Picafort, la paciencia de los vecinos se ha agotado. Este martes, un nuevo corte de luz, resultado de la quema de una fase en la línea eléctrica, encendió las alarmas y dejó a muchos hogares a oscuras. Los residentes, cansados de vivir con la incertidumbre y los problemas de baja tensión que llevan arrastrando durante años, decidieron dar un paso al frente y pedir ayuda al alcalde de Santa Margalida, Martí Torres.
Una reunión necesaria
Representantes de calles como Mar, Pizarro, Magallanes y Bona Vista se reunieron con el alcalde para exponer su grave situación. “Esto no puede seguir así”, gritaban algunos en la sala. Y es que el problema no es nuevo; durante este verano, los apagones han sido más frecuentes que nunca y la frustración se respira en cada rincón del barrio.
Los vecinos no solo han denunciado cortes ocasionales; han vivido episodios con voltajes entre 180 y 190 voltios, muy por debajo del mínimo permitido. Al principio se pensó que era culpa del turismo y las altas temperaturas veraniegas. Pero ahora que septiembre ha llegado con menos turistas y el consumo general ha bajado, queda claro: algo falla en la infraestructura. La distribuidora e-distribución parece estar completamente desbordada.
Y hay algo aún más preocupante: muchas familias dependen de equipos médicos esenciales. “¿Qué pasaría si uno de ellos se queda sin electricidad?”, reflexionaba una vecina angustiada durante la reunión.
Aunque el alcalde mostró su disposición para ayudar a encontrar una solución efectiva –se comprometió a hablar directamente con GESA/e-distribución–, los residentes no quieren promesas vacías ni soluciones temporales. Hoy mismo han formalizado una denuncia ante la Conselleria de Industria para dejar constancia del histórico desgobierno eléctrico en su zona.
La comunidad espera que esta presión conjunta obligue a realizar cambios reales y duraderos en el suministro eléctrico. No quieren más parches; lo que buscan es una red renovada que asegure su bienestar cotidiano.

