Los ciclistas de Palma han decidido dejar claro lo que sienten: están completamente abandonados. Así lo expresa Mariano Reaño, portavoz de Biciutat, la asociación que defiende los derechos de quienes se mueven en bicicleta por la ciudad. Fundada en 2011, esta entidad está formada por un grupo comprometido con una movilidad más sostenible y segura. Sin embargo, las quejas no cesan: «El mantenimiento de los carriles bici brilla por su ausencia», lamenta Reaño.
Las imágenes son elocuentes. Muchos carriles están deteriorados, algunos son tan estrechos que apenas permiten pasar y, en días lluviosos, se convierten en auténticos charcos. A esto se suma la falta de elementos de seguridad y conexiones adecuadas entre rutas. Lo peor es que durante esta legislatura no hemos visto ninguna ampliación significativa; parece que los ciclistas somos ciudadanos de segunda categoría.
Una lucha constante
La situación es aún más complicada con el aumento del uso de patinetes eléctricos. Estos dispositivos invaden los carriles bici a velocidades preocupantes, generando un ambiente inseguro para quienes pedalean. Según Reaño, «hay un control prácticamente inexistente» sobre este tema y eso solo ahuyenta a nuevos ciclistas.
Reaño también critica la eliminación reciente de algunos tramos. Recuerda el caso del carril bici en Plaza España: «Lo quitaron porque supuestamente era peligroso, obligando a los ciclistas a bajarse». La percepción general es clara: las bicicletas parecen ser consideradas vehículos inferiores frente al tráfico motorizado.
Aunque ha habido cambios como el nuevo carril provisional en 31 de Diciembre -que algunos ven como positivo-, otros temen que solo sea una excusa para crear más terrazas y congestionar aún más el tráfico. Maribel Alcázar, presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos, advierte sobre estos peligros: «No basta con ampliar; hay que cuidar lo existente».
A medida que escuchamos las voces de los ciclistas habituales como Tomás o Miguel Ángel, queda claro que todos coinciden en algo: se necesita una mejora urgente. La infraestructura actual hace sentir a muchos como si estuvieran jugando con fuego cada vez que se suben a su bicicleta. Gabriel Martín aporta un toque optimista diciendo que hay avances respecto al pasado; sin embargo, reconoce la necesidad imperiosa de mayor seguridad.
Ciertamente, cada día vemos cómo muchos se ven obligados a invadir aceras o carreteras debido al mal estado del pavimento y la falta de espacio seguro para ellos. Y así seguimos esperando… ¿Cuándo decidirán realmente escuchar nuestras demandas?

