En la calle Balmes, en el corazón de Els Hostalets, los vecinos han decidido alzar la voz. Lleva años siendo una lucha constante contra la acumulación de basura, muebles viejos y todo tipo de trastos que se acumulan junto a los contenedores. Óscar Campos, quien ha vivido aquí casi 25 años, lo resume con claridad: «Nos hemos convertido en un vertedero».
El problema se ha intensificado en los últimos cuatro o cinco años, convirtiendo su día a día en una odisea de malos olores y suciedad. Cada domingo, el caos se desata cuando llega la recogida de trastos. La normativa dice que cada vecino debe sacar sus muebles frente a su casa para facilitar su retirada. Sin embargo, muchos vecinos de calles cercanas parecen haber tomado esta regla como una invitación abierta para tirar lo que ya no quieren aquí.
Una comunidad afectada por el abandono
Según cuentan estos afectados, alrededor de 14 o 15 personas entre las dos fincas colindantes y varios negocios cercanos sufren las consecuencias de esta situación. Y no solo ellos; también los estudiantes del colegio Santa Mónica que pasan diariamente por esta zona tienen que lidiar con este paisaje desolador. «Muebles, colchones, bolsas de basura… todo queda ahí durante días», lamenta Óscar.
Y es que esto no es solo cuestión estética; también están lidiando con un aumento alarmante de cucarachas. “El otro día vi unas subiendo por mi puerta”, confiesa Óscar mientras añade que incluso ha encontrado una dentro de su casa. A pesar de que Emaya responde a sus avisos y limpia cuando llaman, los residentes sienten que sus esfuerzos son insuficientes ante una problemática recurrente.
Así que han comenzado a proponer soluciones concretas: aumentar la vigilancia en la zona e implementar campañas de concienciación sobre cómo y cuándo desechar residuos. Imaginan carteles informativos cerca de los contenedores y buzoneos recordando las normas básicas para mantener el entorno limpio.
A medida que discuten sus ideas entre ellos surge otra petición: reubicar los contenedores lejos del foco del problema. “No es justo que todos vengan a dejar su basura aquí”, concluyen con frustración.

