El candidato de Més per Palma a la alcaldía, David Pujol, ha levantado la voz contra un proyecto que parece más una invitación al turismo desmedido que una solución real para los problemas de movilidad de los residentes. En su denuncia, afirma que el nuevo Bus Náutico, lejos de atender las necesidades de quienes vivimos aquí, está diseñado para satisfacer las demandas de cruceristas y turistas. ¿Acaso somos solo un decorado en esta obra?
¿Dónde quedan los residentes?
Pujol no se anda con rodeos. «El PP y la Autoridad Portuaria nos vendieron este bus como la panacea para nuestros problemas de movilidad», dice. Pero cada nueva noticia refuerza su argumento: lo que realmente buscan es facilitar el acceso a zonas como el Portitxol y el Molinar, donde los vecinos llevamos años intentando vivir en paz sin tener que soportar la presión constante del turismo.
Aquí viene lo sorprendente. Las nuevas líneas 2 y 3, enfocadas exclusivamente en los cruceristas, comenzarán a operar el 1 de noviembre. Mientras tanto, la línea 1 —la que debería beneficiar a todos nosotros— quedará relegada a un segundo plano. Y todo esto bajo la promesa de transportar al menos 300 pasajeros por hora entre la estación de cruceros y el centro de Palma.
Pujol lo deja claro: «Primero son ellos, después pensaremos en nosotros». No hay duda; el calendario habla por sí mismo. Y ahora también planean extender este flujo hacia áreas residenciales como el Portitxol. ¿Esto es realmente combatir la masificación? Más bien parece abrirle nuevas puertas.
No solo Més per Palma ve este problema; otros actores del sector marítimo han expresado su preocupación por cómo este proyecto podría derivar hacia excursiones turísticas descontroladas. Ya estamos cansados de ser testigos silenciosos mientras nuestras comunidades son transformadas en meros escaparates turísticos.

