La historia de Miguel Vico, un vecino de sa Indioteria que dedicó su vida a luchar por una existencia digna, ha tocado el corazón de todos. Con las dos piernas amputadas, Miguel enfrentó durante años la odisea de acceder a su hogar en un tercer piso sin ascensor. Su lucha no fue en vano, pero lamentablemente llegó demasiado tarde.
Su hermana, Pilar Vico, ha decidido alzar la voz ahora que su hermano ha partido, con el firme propósito de que su historia no se quede en el olvido. «¿Por qué tuvo que luchar tanto para poder entrar en su propia casa?», se pregunta Pilar con profunda tristeza. El salvavidas llegó cuando ya no había tiempo; el salvaescaleras prometido tardó más de lo imaginable.
Una lucha que debió ser más sencilla
Miguel vivía atrapado entre escaleras y dificultades. A pesar del compromiso unánime de la comunidad para instalar una silla salvaescaleras —con un coste estimado de 22.000 euros— los trámites burocráticos parecían eternos. En marzo, él compartió con Ultima Hora cómo tenía que arrastrarse por las escaleras como si fuera una serpiente cada vez que quería salir al mundo exterior.
A pesar de los obstáculos y problemas internos entre vecinos, hubo luz al final del túnel tras hacerse pública su situación; sin embargo, esa ayuda llegó demasiado tarde. Pilar recuerda cómo su hermano solo pedía algo básico: poder salir y entrar en su hogar con dignidad y autonomía. No era un lujo ni una comodidad; era un derecho fundamental.
La realidad es dura: mientras para muchos subir unas escaleras es algo automático, para Miguel cada peldaño era una montaña insalvable. Durante años soportó severos problemas de salud y aún así siempre mantenía una actitud positiva, encontrando alegría en cosas simples como tocar el piano o leer.
«Mi hermano se fue sin que esta historia dejara de doler», dice Pilar con lágrimas en los ojos, dejando claro que no busca culpables ni conflictos; simplemente quiere dar visibilidad a esta problemática para evitar que otros sufran lo mismo.
Pilar defiende vehementemente que la accesibilidad no debe ser vista como un favor hacia personas con discapacidad: «Es esencial para vivir con dignidad». Y resume todo este doloroso proceso con una frase desgarradora: «Solo quería poder subir a su casa». Nadie debería tener que pelear durante años por eso. Sa Indioteria despide a Miguel como lo que fue: un luchador valiente cuya sonrisa jamás se apagó ante las adversidades.

