Palma

El Paseo Marítimo de Palma: un verano para olvidar en los negocios

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Este verano, el Paseo Marítimo de Palma se ha quedado casi desierto, y no solo porque las terrazas estén vacías. La realidad es que muchos de los negocios de restauración y ocio han cerrado con un balance negativo. Algunos hasta se han visto obligados a reducir sus días de apertura solo para intentar sobrevivir. Las cifras son alarmantes: hay quienes hablan de caídas en la facturación de hasta un 30%, y eso no se puede ignorar.

Los problemas a pie de calle

¿Y cuáles son las razones detrás de esta situación? Los empresarios lo tienen claro: la falta de aparcamiento y el escaso transporte público nocturno están frenando la actividad en la zona. Manuel Jiménez, presidente de la Asociación de Comerciantes e Industriales del Paseo Marítimo (ACOIPAM), no duda en afirmar que «este verano ha sido aún peor que el año pasado». Con las terrazas vacías, algunos dueños ni siquiera pueden permitirse abrir por falta de rentabilidad. Es triste escuchar cómo muchos abren únicamente unas horas al día, simplemente porque después de las 12 ya no hay nadie por allí.

No es un secreto que moverse por el paseo marítimo se ha vuelto un auténtico desafío. «En verano conseguir un taxi es imposible», dice Jiménez, lo cual empuja a los clientes a buscar alternativas más cómodas en otros lugares donde estacionar sea menos complicado. Y eso sin contar que agosto fue realmente preocupante; Valerio Petrillo, empresario local, señala que varios establecimientos vieron caer su facturación drásticamente.

Petrillo también menciona que este año decidió solicitar una licencia para terrazas solo durante los meses estivales, algo inédito para él. Todos están buscando maneras creativas para evitar más cierres; algunos han optado por abrir menos días o reducir costes como sea posible. Pero todo esto tiene consecuencias: ya hemos visto despidos y situaciones difíciles entre el personal.

A medida que avanza la noche, la situación empeora aún más con el horario del transporte público. La lanzadera deja de operar a las nueve, lo cual hace muy difícil disfrutar del paseo tras esa hora. «No sirve para nada si termina tan pronto», critica Petrillo.

A pesar del pesimismo palpable, hay quienes todavía mantienen una pizca de esperanza. Ambos empresarios coinciden en que el futuro podría ser brillante si las instituciones toman cartas en el asunto: «Si no se soluciona el problema del aparcamiento, estos negocios seguirán desapareciendo», advierte Petrillo con preocupación.

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