En el corazón de Palma, donde el bullicio y la vida se entrelazan, surge un nuevo capítulo en la historia del comercio local. La Asociación PIMEM-Restauración y CAEB Restauración han levantado la voz, llenos de frustración ante lo que consideran una sobreexplotación comercial que se cierne sobre los macro eventos organizados por Cort. En sus palabras resuena una crítica profunda: «Una barra de 240 metros, junto a los food trucks, no es solo un servicio auxiliar; es un monstruo económico que eclipsa a nuestros negocios locales».
La patronal no se queda ahí. Cuestionan abiertamente el modelo que están impulsando las administraciones con estos eventos, señalando que «el suelo público no debería convertirse en un mercado temporal al servicio de grandes estructuras» promovidas desde arriba. Javier Bonet, primer teniente de alcalde y regidor de Cultura, salió al paso argumentando que las barras autorizadas son necesarias para cubrir la demanda esperada en un evento donde se prevén 32.000 asistentes. Sin embargo, esta explicación no parece calar hondo entre los restauradores.
Un reto para el tejido local
«El Ajuntament debe encontrar formas de hacer que el impacto económico también beneficie a nuestros bares y restaurantes», demandan desde PIMEM. La ironía es palpable: mientras miles acuden a disfrutar gratis de música y comida dentro del recinto del evento, muchos establecimientos fuera luchan por sobrevivir. Esto crea un agravio competitivo, ya que aquellos locales deben lidiar con alquileres e impuestos mientras otros disfrutan de ventajas injustas.
Aparte del tema económico, también hay preocupaciones sobre las condiciones laborales en estos eventos. La patronal exige rigurosidad en la contratación y salud laboral para quienes trabajan allí. «Queremos ver el mismo control laboral exigido a nosotros: altas y contratos firmes para todos», exigen con firmeza. Además, esperan que organismos como la Inspección de Trabajo actúen con la misma rigurosidad durante estos macro eventos.
Tomeu Mas, gerente de CAEB Restauración, se une a esta lucha enfatizando que cada evento representa una competencia desleal para sus asociados: «Si el Ayuntamiento contrata a empresas para organizar esto es porque pueden hacerlo legalmente; pero ¿qué hay del tamaño desmesurado?» Su llamado a la reciprocidad es claro: quieren ser tratados bajo las mismas normas estrictas aplicadas a ellos durante todo el año.
Así avanza este conflicto en Palma: entre luces brillantes y música atronadora, los restauradores buscan hacerse oír en medio del ruido.

