En Son Güells, dos mujeres cargadas con garrafas de agua y empujando carros de la compra han desatado una ola de indignación. Este rincón de Palma, que debería ser un refugio tranquilo para sus residentes, se ha convertido en un auténtico foco de incivismo. La comunidad se siente acorralada ante la llegada de nuevos vecinos que poco tienen que ver con aquellos primeros caravanistas que buscaban un lugar donde aparcar sus vehículos.
La preocupación crece entre los residentes
Los okupas han hecho su aparición en viejas casas y fincas abandonadas, regresando incluso tras haber sido desalojados. Y claro, esta situación ha llevado a que los robos y agresiones sean parte del día a día. Los vecinos no pueden más; ya están hartos de ver cómo el consumo de drogas se vuelve habitual en las calles, incluso a plena luz del día. ¿Dónde está la seguridad? se preguntan, mientras observan con desesperación cómo algunos jóvenes son partícipes del paisaje urbano sin ningún pudor.
El pasado fin de semana fue especialmente preocupante cuando varios vehículos fueron desvalijados durante la tarde. Los residentes han añadido otra queja más a su larga lista: ahora estos nuevos inquilinos también utilizan ilegalmente la red pública de alcantarillado para llenar sus garrafas. ¡Increíble! Se ven obligados a emplear carritos robados para llevarse el agua y lo peor es que crean conexiones rudimentarias entre esas tomas y sus vehículos, generando una insalubridad alarmante.
Ante esta situación caótica, la asociación vecinal está barajando poner en marcha patrullas ciudadanas e incluso plantearse asistir al pleno del Ajuntament para hacer oír su voz directamente. Es triste saber que al pedir ayuda a la Policía Local por intentos de robo no obtuvieron respuesta inmediata; esto solo suma más leña al fuego en una comunidad que exige ser escuchada. ¿Acaso no merecen vivir tranquilos en su hogar?

