En el corazón del Castell de Bellver, donde los árboles parecen susurrar historias del pasado, se encuentra la base de la Policía Montada de Palma. Aquí, entre los murmullos del viento y el olor a naturaleza, viven 11 caballos y un pequeño pony, una familia equina que ha estado al servicio de la ciudad durante más de 150 años.
Estos caballos no son cualquiera; son pura raza mallorquina y española, adiestrados con dedicación y cariño. En este refugio verde, los potros crecen bajo la atenta mirada de sus cuidadores hasta convertirse en auténticos guardianes del orden. La figura del policía montado es una presencia familiar para los ciudadanos: siempre en pareja, recorren caminos donde el ser humano solo no puede aventurarse.
El día a día en la Policía Montada
Toni, uno de los veteranos que ha dedicado 20 años a esta noble labor, cuenta que ser parte de este equipo es un trabajo demandante, tanto física como mentalmente. “Al principio iba al fisio cada dos meses”, confiesa con una sonrisa. La rutina comienza temprano, a las siete de la mañana con un briefing donde el oficial Demetrio Flexas Bustos reparte las tareas del día. Y sí, formar parte de esta unidad requiere pasar pruebas teóricas y prácticas que aseguran un mínimo conocimiento antes de subir a caballo.
“No necesitas haber montado antes”, añade Flexas, “solo un poco de ganas y vocación”. Esa pasión se siente en cada rincón del cuartel. Después de decidir qué caballo entrenará cada uno ese día—y tras limpiar las cuadras como si estuvieran cambiando sábanas—los caballos ya están listos para moverse. Por norma general entrenan entre una y dos horas diarias, y comen pienso tres veces al día.
A lo largo del año realizan entre 15 y 20 galas, vistiéndose con trajes rojos elegantes que combinan con cascos decorados con plumas para ocasiones especiales como el Día de Reyes o diversas procesiones. Sin embargo, su papel más importante sigue siendo patrullar: desde el centro histórico hasta zonas rurales o playas como Es Carnatge.
Y así es cómo estos hombres y mujeres trabajan codo a codo con sus compañeros equinos: formando un vínculo esencial basado en confianza y respeto mutuo. Un compromiso diario que asegura no solo su efectividad en el servicio sino también una cercanía genuina con la ciudadanía. Porque cuando vemos pasar a estos policías montados por las calles de Palma, sabemos que hay historia detrás; hay dedicación diaria por mantener nuestra ciudad segura.

