El pasado 11 de enero, los niños y niñas de la Confraria de Sant Sebastià se reunieron para llevar a cabo una hermosa ofrenda a Sant Tianet. Esta festividad, que tiene lugar en Palma, no es solo un evento más; es una celebración arraigada en el corazón de los palmesanos, donde huevos, monjas y el tiempo se entrelazan en una danza peculiar.
Una conexión especial con el cielo
Cada año, las familias palmesanas se acercan al convento de Santa Clara con cestas repletas de huevos, confiando en una costumbre ancestral que promete mantener a raya la lluvia durante los festejos en honor al santo mártir. Este último domingo, vimos cómo generaciones enteras se unían para participar en esta ofrenda tan particular que da inicio a las celebraciones patronales.
¿Por qué esta creencia? En Mallorca, enero puede ser un mes complicado: frío y lleno de chubascos. Así que desde hace siglos, los habitantes han depositado su fe en la intercesión divina lograda mediante este gesto tan simbólico. El huevo no es solo un alimento; representa fertilidad y providencia. Según cuentan los expertos, esta práctica se remonta al siglo XVIII cuando la gente empezó a pensar que ofrecer estos alimentos a las clarisas podría cambiar el rumbo del clima. ¡Qué curioso!
A lo largo de dos siglos, esta tradición ha sabido adaptarse sin perder su esencia. Hoy día, vemos cómo nuevas generaciones se suman con entusiasmo a este rito lleno de folklore y sentimiento comunitario. Además del ritual de los huevos, hay otra costumbre que alegra las noches: los foguerons. Desde el siglo XIX, estas hogueras iluminan la ciudad durante la víspera del santo patrón y aunque han evolucionado algo desde sus inicios, su espíritu sigue vivo.
Los foguerons son mucho más que llamas; son puntos de encuentro donde vecinos comparten música y comida típica bajo un cielo estrellado. Esta atmósfera festiva refuerza nuestros vínculos sociales mientras disfrutamos juntos del calor humano.
A través del tiempo y las culturas, el huevo ha sido símbolo recurrente en rituales dedicados a asegurar buenas cosechas y condiciones meteorológicas favorables. Y aquí, en Palma, lo unimos con nuestras queridas religiosas quienes se cree tienen el poder divino para mantener alejadas esas nubes amenazadoras durante nuestros días festivos.
No importa si creemos o no en todo esto; lo cierto es que esta tradición sigue viva por su valor cultural e identidad local única.

