Este martes, el sol brillaba con fuerza en Palma cuando dos jóvenes del Sindicat de l’Habitatge (SHP) recuperaron su libertad tras ser detenidos por okupar un local en Pere Garau. La espera de sus compañeros, que se agolpaban a las puertas del cuartel de la Policía Local de San Fernando, era palpable. Todos ellos tenían una misión clara: apoyar a quienes luchan por crear espacios de encuentro y solidaridad en la ciudad.
El propósito detrás de la acción
Climent, portavoz del SHP, no tardó en hacer eco de sus intenciones durante una rueda de prensa improvisada en la plaza Patines. «Nuestra intención era convertir ese local cerrado en un lugar donde ofrecer asesoría sobre vivienda y fomentar la socialización entre los jóvenes trabajadores», explicó con fervor. Y es que lo que buscaban no era solo abrir puertas físicas, sino también construir puentes entre personas que comparten dificultades similares.
Pero no todo fue fácil. Los activistas denunciaron el despliegue policial desmedido que vivieron durante la detención: «Tres patrullas, dos furgones antidisturbios y otro más de la Policía Nacional nos rodeaban mientras nos amenazaban con detenciones», relatan visiblemente indignados. Esta situación llevó al SHP a exigir la retirada inmediata de todos los cargos contra sus militantes, considerando estas acciones como parte de una caza de brujas política contra su organización.
La lucha por el derecho a un hogar y espacios comunitarios sigue viva en Palma, donde cada día se escuchan más voces alzándose contra el monocultivo turístico y las injusticias sociales. Es hora de transformar el enfado en acción colectiva.