El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha dejado claro este jueves que no va a renunciar a las localidades de Sloviansk y Kramatorsk, en Donetsk. ¿Y por qué? Porque hacerlo sería abrir la puerta de par en par a Rusia para que avance hacia la provincia de Dnipró. «Pueden hacerse con muchísimas de nuestras ciudades», ha alertado. El riesgo es más que real.
La lucha por el futuro
En una entrevista para el podcast británico ‘The diary of a CEO’, Zelenski expresó su preocupación: «Si les entregamos nuestras ciudades, el riesgo es enorme… Nadie nos garantiza nada… Si nos retiramos, ¿dónde quedan las garantías de seguridad?» Estas palabras resuenan con fuerza en un contexto donde lo que está en juego es mucho más que solo territorio; se trata del futuro de toda una nación.
Zelenski también subrayó lo injusto que sería entregar estos dos bastiones, ya que son los últimos reductos ucranianos no solo en Donetsk, sino en la región del Donbás. Recordemos que Lugansk ya está bajo control ruso desde julio de 2022, poco después del inicio de esta invasión brutal. Actualmente, Rusia controla entre el 75 y el 85% de Donetsk, pero Kramatorsk y Sloviansk aún se mantienen firmes; son cruciales tanto simbólica como estratégicamente para Ucrania.
Si este baluarte cae, sería un golpe devastador para la defensa ucraniana del resto del Donbás. Y aquí hay que destacar algo importante: el presidente ruso, Vladimir Putin, dejó claro hace unos días cuál es su objetivo prioritario: «liberar» a Donetsk del «régimen de Kiev». No hay lugar para dudas.
Zelenski también estimó que Rusia controla entre el 18 y el 19% del territorio ucraniano y advirtió sobre las ambiciones rusas hacia otras ciudades como Zaporiyia y Nicolaiv. Aunque Putin no lo diga abiertamente, sus intenciones están claras.
A pesar de todo esto, Zelenski ha mencionado una posible concesión: mantener la situación actual podría ser un paso hacia un plan de paz. En una entrevista reciente con Fox News, aceptó la idea de «congelar» la línea del frente si eso ayuda al diálogo. Pero esta línea se extiende alrededor de 1.000 kilómetros y actualmente las fuerzas rusas controlan aproximadamente un 20% del territorio ucraniano; sin mencionar Crimea, anexionada en 2014.

