La jornada del lunes se tornó oscura en la cresta de Rámim, donde una explosión ha dejado a todos con el corazón encogido. Al menos una persona ha perdido la vida, y más de veinte han resultado heridas, un suceso que nos recuerda lo frágil que puede ser la paz en esta región. El fallecido es un joven de solo 14 años que formaba parte de un grupo de estudiantes y profesores que disfrutaban de una excursión por los bosques de la cordillera Naftalí.
Según cuentan los medios, el incidente tuvo lugar cuando los chicos encontraron lo que parecía ser un artefacto peligroso. Aún no se sabe cómo sucedió, pero las imágenes tomadas antes de la detonación son desgarradoras. Como si estuvieran jugando a algo inocente, nunca imaginaron el horror que les aguardaba. Efectivos del servicio nacional de ambulancias Magen David Adom (MDA) llegaron rápidamente al lugar y también se desplegó un helicóptero militar para atender a las víctimas.
Una bomba olvidada
Parece que el Ejército israelí ya tiene una idea clara sobre lo ocurrido: han apuntado a una bomba de racimo del grupo terrorista Hezbolá como responsable de esta tragedia. Todo esto surgió tras una investigación preliminar, aunque siguen trabajando en el área para esclarecer cada detalle. Lo más inquietante es saber que estos adolescentes habían estado tan cerca del artefacto sin tener ni idea del peligro real que representaba.
Benyamin Netanyahu ha sido informado y está siguiendo la situación muy de cerca, asegurando que los heridos sean trasladados a los hospitales sin demora. Mientras tanto, las autoridades libanesas han reportado dos muertes al otro lado de la frontera debido a restos explosivos israelíes. En medio de este caos y dolor, se hace difícil encontrar palabras adecuadas para describir tanta pérdida.

