MADRID 9 Oct. (EUROPA PRESS) – En un giro más de su ya habitual retórica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a encender las redes con sus recientes declaraciones sobre la posibilidad de que Irán bombardee ciudades como Los Ángeles y San Diego, gobernadas por demócratas. Este jueves, en un intento por aclarar sus palabras, aseguró que simplemente estaba haciendo una comparación entre el «pequeño precio a pagar» en los combustibles debido a la guerra con Irán y el «alto precio» que significaría sufrir un ataque en esas metrópolis californianas.
La defensa de Trump
Trump lanzó un mensaje claro: «Andan diciendo que estoy invitando al enemigo a bombardear nuestras ciudades cuando lo único que hacía era señalar que un aumento temporal del precio de la gasolina es insignificante comparado con lo que podría suceder si nos atacaran». Sin embargo, esa explicación no parece haber calmado las aguas. Al contrario, intensificó las críticas hacia él.
A pesar del ruido mediático que generaron sus comentarios en un mitin del Partido Republicano, donde repitió su argumento esta semana, Trump insistió en su punto. Aseguró que todos sabían lo que realmente quería decir —incluyendo a los medios— pero considera que se malinterpreta intencionadamente. Para él, todo esto forma parte de una campaña contra su figura: «Lo que digo está claro como el agua; estos degenerados creen poder seguir extendiendo noticias falsas».
Las reacciones no se hicieron esperar. Alcaldes como Karen Bass y Todd Gloria no tardaron en expresar su indignación, junto al gobernador Gavin Newsom quien llegó al extremo de pedir la inhabilitación de Trump por considerar sus palabras fruto de una «enfermedad mental». Y no solo ellos; incluso 43 congresistas demócratas del estado se sumaron al clamor contra el presidente.

