En un giro escalofriante de los acontecimientos, Naciones Unidas ha puesto el grito en el cielo este viernes ante la polémica decisión de Estados Unidos de llevar a cabo la ejecución en directo de Nidal Hasan, el psiquiatra militar responsable del trágico tiroteo que dejó 13 personas muertas en Fort Hood en 2009. Stephâne Dujarric, portavoz del secretario general António Guterres, no ha tenido reparos en calificar esta medida como una auténtica «abominación».
El anuncio realizado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha generado una oleada de indignación. Dujarric ha afirmado con contundencia: «Mire, creo que ejecutar a alguien públicamente es francamente inaceptable». Es importante recordar que desde la ONU se considera que las ejecuciones públicas son una forma cruel e inhumana de castigo, sin importar si ocurren en Estados Unidos o en otros lugares como Irán o Afganistán.
Una condena global
La idea de retransmitir este acto macabro añade otra capa de horror a la situación. Tal y como señala Dujarric, esto podría ser visto como una violación directa contra la prohibición de la tortura. En las últimas horas, voces autorizadas dentro del ámbito humanitario también han expresado su rechazo. Justin Mazzola, subdirector de investigación de Amnistía Internacional EE.UU., ha catalogado tanto la ejecución programada para el próximo 3 de diciembre como su transmisión como «condenables».
Mazzola destaca que no solo se trata del primer fusilamiento desde 1961; también resalta cómo este acto pone al descubierto lo arbitrario que puede ser el sistema capitalista. Retransmitir un fusilamiento no hará más que aumentar la crueldad asociada a la pena capital y perpetuar un ciclo violento que contradice lo que supuestamente buscan erradicar las autoridades.

