En una mañana cualquiera en Madrid, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado caer una declaración que no ha pasado desapercibida: está dispuesto a considerar la idea de establecer una base militar en Lituania. Esto surge justo después de que el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevicius, se mostrara abierto a facilitar la llegada de tropas norteamericanas al país báltico. Pero eso no es todo; también está sobre la mesa la posibilidad de otra base en Polonia.
Un juego estratégico entre aliados
“Sin duda, lo estudiaremos”, afirmó Trump desde las inmediaciones de la Casa Blanca mientras se preparaba para un mítin en Nebraska. Al referirse a las autoridades lituanas, no escatimó elogios: “son amigos míos y gente estupenda”. Sin embargo, esto no es un mero capricho; su interés refleja una estrategia más amplia donde Europa juega un papel crucial.
A principios de junio, Polonia ya había lanzado su propuesta para acoger tropas estadounidenses y parece que las conversaciones han avanzado desde entonces. “Podría suceder”, añadió Trump sobre el posible despliegue en tierras polacas, dejando claro que ambas opciones están abiertas. Pero hay que tener cuidado: ¿qué ha pasado realmente entre Washington y Varsovia? A finales de septiembre, Polonia suspendió la visita de su viceprimer ministro tras recibir una “petición urgente” desde Estados Unidos para posponerla. Hasta ahora, ni ellos ni los estadounidenses han dado señales claras sobre cuándo se reanudarán esos diálogos.

