En un giro que muchos ya esperaban, Donald Trump ha vuelto a hablar de sus planes para Irán. En una entrevista reciente con la revista ‘Time’, el presidente de Estados Unidos no se ha cortado al afirmar que la única forma de lograr la paz es «aniquilar» al régimen iraní. Esas palabras resuenan con fuerza y generan una mezcla de preocupación y desconcierto entre quienes siguen la política internacional.
Trump, fiel a su estilo directo, sostiene que no ve posibilidad alguna de entendimiento con la República Islámica. Con una seguridad inquietante, declaró: «Sí, lo haría. Es posible», cuando le preguntaron sobre la posibilidad de intensificar los ataques tras las elecciones de medio mandato. ¿De verdad cree que sembrar más caos traerá tranquilidad al mundo? Él parece convencido de ello.
Un conflicto que se extiende
Asegura que la guerra que prometió sería breve se ha prolongado porque Washington quería hacer más. «Podría haberme detenido ahí», dice con cierta frialdad, refiriéndose a los ataques contra instalaciones nucleares en Irán. Pero, al final, decidió seguir adelante porque según él, los iraníes estaban deseando continuar con sus vidas. Sin embargo, ¿a qué precio?
También se atreve a afirmar que la economía iraní está hecha trizas y su ejército desmantelado. «Lo han perdido todo», comenta como si fuera un mero espectador del sufrimiento ajeno. La oferta reciente de Teherán para abrir el estrecho no fue suficiente para convencerlo; simplemente lo desestimó sin contemplaciones.
A medida que se acercan las elecciones en noviembre, Trump promete intensificar su arsenal militar: «Estamos acumulando armas», dijo con una calma preocupante. En este juego geopolítico tan peligroso, parece claro que el presidente estadounidense sigue apostando por un enfoque agresivo en lugar de buscar caminos diplomáticos reales.

