El presidente ruso, Vladimir Putin, ha hablado claro este jueves desde un foro en Moscú. Sus palabras llegan como un eco ante las advertencias recientes a los países de la OTAN sobre el uso de su arsenal nuclear si sienten que son atacados. «No estamos intentando asustar a nadie», ha subrayado con firmeza, pero también ha dejado claro que Rusia no se quedará de brazos cruzados si su territorio es amenazado.
Una respuesta contundente
Putin sostiene que esas cartas enviadas a algunos países no son un intento de intimidación, sino una respuesta necesaria frente a quienes han querido amedrentarlos. Y aunque asegura que no necesariamente se recurrirá al uso de armas nucleares, ha dejado caer que decidirán qué medidas tomarán si llega el momento. La situación se complica aún más cuando recuerda cómo la OTAN ha estado bloqueando y lanzando amenazas contra Kaliningrado desde la invasión de Ucrania en 2022.
Afrontamos un escenario donde Rusia se siente acorralada frente a un adversario mucho más grande y potente económicamente y militarmente. «No podemos luchar cara a cara», admite Putin, apuntando hacia la necesidad de aprovechar ese as bajo la manga: un tipo de armamento único que dice poseer Rusia. A pesar del clima tenso que se respira, vuelve a insistir en que Rusia no es una amenaza para Europa; por el contrario, sueña con vivir en armonía y buscar soluciones conjuntas.
No obstante, no puede evitar lamentar cómo la idea de destruir a Rusia parece haberse convertido en una ideología para muchos en Europa. Esto les coloca en una posición defensiva donde sienten que deben protegerse ante lo que consideran agresiones externas.

